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Tres sorprendentes secretos de salud para ser feliz

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¿Qué le hace feliz? ¿Un día en la playa escuchando el sonido de las olas? ¿Qué tal un trozo de su pastel de chocolate favorito? ¿O tal vez salir a correr por la mañana mientras sale el sol?

Todo esto puede generar felicidad, pero ¿sabía que en realidad se debe a las reacciones químicas que producen estas actividades y no a la actividad en sí misma?

La felicidad no es tan esquiva como solemos pensar. Gran parte de ella tiene que ver con las reacciones del cuerpo a los pensamientos, comportamientos y acciones. 

Es decir, cuanto más conozcamos las respuestas de nuestro cuerpo a la felicidad, más podremos comprometernos con un estilo de vida que la fomente.

En este artículo, le presentamos tres sorprendentes secretos de salud para ser más feliz.

La felicidad proviene tanto de la salud mental como de la física

Aunque pensemos que nuestro estado de felicidad reside en nuestra mente, quizá le sorprenda saber que las reacciones físicas de nuestro cuerpo coinciden con las de nuestro cerebro y nuestros pensamientos, lo que hace que la felicidad sea un efecto secundario tanto de la salud mental como de la física.

Existen cuatro neurotransmisores específicos (dopamina, serotonina, oxitocina y endorfinas) que se consideran sustancias químicas de la felicidad y desempeñan un papel importante en nuestro estado emocional. 

Estos mensajeros químicos comunican sentimientos de:

  • recompensa y logro (dopamina)
  • estado de ánimo optimista, relajación y calma (serotonina)
  • amor y conexión (oxitocina)
  • alivio del dolor físico y mental (endorfinas)

Sin embargo, nuestros niveles de felicidad no solo empiezan y terminan con los propios neurotransmisores.

Además del propio neurotransmisor, su capacidad para comunicar mensajes a través del cuerpo es esencial para el estado de felicidad.

Tanto los factores naturales como los culturales pueden influir en los mensajes de los neurotransmisores, como por ejemplo:

  • la educación
  • las experiencias pasadas
  • la genética familiar
  • nuestro entorno
  • el ejercicio
  • la gestión del estrés
  • la exposición a productos químicos o tóxicos

Si uno de ellos se ve gravemente afectado (como la exposición al plomo o al mercurio, un trauma o duelo no procesado), la felicidad puede resultarle más difícil de alcanzar porque la toxicidad o el estrés pueden impedir que las células nerviosas se activen adecuadamente.

Tanto el neurotransmisor como su capacidad de comunicación son claves para la felicidad.

La felicidad puede verse influida por la dieta

Volvamos al número uno por un momento. ¿Recuerda aquellos neurotransmisores que comunican la sensación de felicidad? Pues bien, muchos se producen en el intestino, lo que significa que lo que consumimos influye en la cantidad de neurotransmisores que podemos crear.

Aunque los expertos apenas han estudiado la conexión entre el intestino y la salud en general, sabemos que ciertas opciones son mejores que otras cuando se trata de la dieta y la felicidad.

Le recomendamos encarecidamente evitar los alimentos procesados. Muchos productos procesados incorporan sustancias químicas y toxinas, como el glutamato monosódico (GMS), los aromatizantes artificiales y los colorantes sintéticos, que alteran la producción de neurotransmisores. Estos contaminantes producen mucho «ruido» en el cuerpo y, por tanto, los mensajes de los neurotransmisores no se escuchan.

En lugar de alimentos procesados, opte por:

  • macronutrientes
  • frutas y verduras orgánicas
  • proteínas magras
  • grasas saludables

Pruebe esto durante unos meses y tome nota de si su sentido del olfato y del gusto se agudizan o no. Es una reacción (y recompensa) típica que se produce al eliminar los alimentos procesados adictivos.

Los momentos difíciles a nivel mental o físico pueden dar lugar a una mayor felicidad

Puede que no lo parezca en ese momento, pero, en realidad, cuando nos enfrentamos a momentos difíciles en la vida, podemos ser más felices después de que estos ocurran.

Como dijo elocuentemente la psiquiatra e investigadora Elisabeth Kübler-Ross sobre la muerte y los moribundos:

 «Las personas más bellas son las que han conocido la derrota, el sufrimiento, la lucha y la pérdida, y han encontrado el camino para salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, sensibilidad y comprensión de la vida que las llena de compasión, amabilidad y una gran preocupación amorosa».

Aunque la reflexión que sigue a una experiencia traumática puede dar lugar a una nueva perspectiva y más sabiduría, la felicidad puede provenir del estado físico que uno soporta durante la misma.

Durante los momentos de crisis, el cuerpo aumenta su producción de dopamina y epinefrina para ayudar a los sistemas de endorfinas y endocannabinoides a superar el dolor. En concreto, estos compuestos se unen a los receptores de opio (de forma muy parecida a la morfina) para aliviar el dolor físico y emocional en la medida de lo posible.

Cuando termina el momento difícil, el cuerpo y la mente pueden beneficiarse de la dosis añadida de estos compuestos, lo que puede dar lugar a una mayor conexión, amor y calma y generar una mayor felicidad.

A veces se piensa que la felicidad solo reside en las cosas que obtenemos y en las experiencias que tenemos, pero el funcionamiento interno de nuestro cuerpo está entrelazado con todo ello. Nuestra salud mental y física desempeña un papel doble en el estado de ánimo, la sensación de logro, los sentimientos de amor y conexión y la capacidad de superar los momentos difíciles. 

Recuerde: la próxima vez que disfrute de un paseo por la playa, un trozo de su pastel favorito o unas vacaciones en familia, no subestime los procesos internos que tienen lugar para que usted se sienta feliz.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Death: The Final Stage of Groth, de la Dra. Elisabeth Kübler-Ross

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4940663/