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Salud mental y redes sociales

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Gestión de la salud mental en la era de las redes sociales

Las redes sociales son la gran paradoja de esta generación, una que inspira tanto emociones como debates intensos. En mi caso, mi relación con las mismas fue en su momento algo complicada. Las redes sociales son un pilar de la comunicación moderna, ya que facilitan el establecimiento de redes de contactos y convierten en una realidad que podamos conectarnos con amigos de todo el mundo. Fortalecen a los movimientos y proporcionan publicidad gratuita. Se trata de un punto de inflexión que le ha dado voz a muchas personas.

Sin embargo, también tienen el poder de hacernos sentir fatal.

Cuando leí el informe encargado por Lifeplus sobre salud mental, no me sorprendió conocer que cuatro de cada cinco encuestados creen que las redes sociales han desempeñado un papel en el aumento de la depresión. La tecnología es algo con lo que la mayoría de la población entra en contacto, por lo que no es de extrañar que repercuta en la salud.

Según muchos informes en línea, Facebook es la red social que más usuarios activos tiene hasta la fecha, seguida de YouTube e Instagram. No obstante, Tik Tok, la aplicación preferida de las generaciones más jóvenes, ha experimentado un rápido aumento de los usuarios y la interacción durante el confinamiento.

¿El gran villano?

Las redes sociales se demonizan por muchas razones. El elemento adictivo que presentan ya es por sí solo un motivo de preocupación. De media, echo un vistazo a mi teléfono treinta veces al día, normalmente por hábito sin ni siquiera mirar nada. Mi cerebro se siente atraído inconscientemente a ciertas aplicaciones favoritas. Simon Sinek pone de manifiesto este problema en su infame entrevista en Inside Quest. Afirma que el uso de las redes sociales produce en el cerebro exactamente la misma sustancia química (dopamina) que se genera cuando bebemos alcohol, consumimos drogas o hacemos apuestas. Por ejemplo, cada vez que recibimos un «me gusta» en una foto, experimentamos una descarga de dopamina. También cuando ganamos un nuevo seguidor. La dopamina, en su forma más pura, es básicamente «placer», y los seres humanos somos notablemente conocidos por no tener nunca suficiente. Mientras que otras sustancias potencialmente adictivas cuentan con medidas preventivas y restricciones, las redes sociales prácticamente no tienen. Podemos utilizarlas cuando queramos, donde queramos y a cualquier edad. Este consumo sin fin no se considera saludable.

«La cultura de los “me gusta” de las redes sociales puede resultar muy violenta para nuestro estado de ánimo y nuestra autoestima, por no mencionar el FOMO (“Fear Of Missing Out” o miedo a perderse algo) y la presión de tener un “repertorio de destacados” activo (fotos donde se nos ve en nuestros mejores momentos). Después, también está la tentación de cotillear a las personas de nuestros pasados para acabar averiguando que nuestra expareja está saliendo con un modelo. A veces, no conocer algo de información hasta que estemos lo suficientemente preparados para ello ayuda en el proceso de sanación. No obstante, las redes sociales no nos ayudan en eso. Tenemos acceso a un mundo de conocimientos, ya sean buenos o malos». Claire Eastham

En el pasado, he sido víctima de la necesidad de proyectar una «vida perfecta» en el mundo digital. No era capaz de disfrutar sin más de una comida deliciosa o de pasar el rato con los amigos, tenía que documentarlo y esperar a que los demás validaran mi experiencia al darle al emoticono del corazón. Si veía que amigos o colegas estaban haciendo algo que parecía más emocionante, mi estado de ánimo se desplomaba.

Con el tiempo, mi relación con Instagram comenzó a afectarme al sueño. La luz de mi teléfono tan cerca de la cara suprimía la liberación de melatonina, una hormona que nos ayuda a sentirnos cansados. A veces, me encontraba despierta hasta las 2 de la mañana, mirando sin parar contenidos que nunca se acababan.

Esa falta de sueño me hacía sentirme aletargada al día siguiente, por lo que me faltaba la energía para realizar tareas básicas de cuidado personal, como comer una comida nutritiva o beber suficiente agua. En cambio, tenía antojos de azúcar y cafeína para equilibrar el agotamiento. Me sentía impotente y frustrada por el ciclo en el que me había visto atrapada.

Búsqueda de la positividad en el equilibrio

Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Deberíamos eliminar todas nuestras aplicaciones de inmediato y después destruir cualquier rastro de las redes sociales en el mundo? Por supuesto que no, ya que, para empezar, eso me haría ser una hipócrita. Después de todo, gracias a ello he avanzado en mi profesión. Para muchos, como es mi caso, las redes sociales son una herramienta fundamental para la promoción de los negocios. Una que sale rentable y llega a un público específico para cada marca.

A pesar de los peligros, las redes sociales pueden ser algo increíblemente positivo y poderoso, cuando se gestionan correctamente. Para muchas personas que viven con una enfermedad mental (yo incluida), se trata tanto de una vía para desahogarse como de un medio para poder recibir apoyo de otra gente que se encuentra en situaciones similares.

Durante algunos de mis momentos más oscuros, recurrí a mi comunidad en línea y recibí oleadas de apoyo y consejos de personas que no conocía de nada. Me asombró muchísimo la cantidad de amor que recibí, y esto, a su vez, motivó mi recuperación. Los troles son muy frecuentes, eso es verdad, pero también lo son los seres humanos decentes y bondadosos.

Durante las etapas más estrictas del confinamiento, las redes sociales se convirtieron en una vía de escape para muchas personas, especialmente para aquellas que viven solas. FaceTime, Skype, Zoom, Houseparty, etc. permitieron a las familias o los amigos verse físicamente, lo que les levantó la moral.

Además, esas aplicaciones también permitieron que muchos negocios continuasen trabajando sin demasiadas alteraciones.

Consejos prácticos para mantener la cordura en el mundo digital

1. Uso consciente: es importante ser conscientes de nuestra interacción con las redes sociales, tal como lo hacemos cuando disfrutamos de otras sustancias volátiles. Por ejemplo, nadie se despertaría y se tomaría un vaso de vodka por la mañana, por lo que mirar nuestros teléfonos tampoco debería ser nuestra primera prioridad. Permita que la mente entre en calor de forma natural antes de asaltarla con estímulos.

No pasa nada por disfrutar de las redes sociales, pero al igual que todas las cosas buenas, mucha cantidad puede sentarnos mal. Por lo tanto, gestionar su uso resulta muy importante. Sin embargo, no debería sentarnos como si fuese un castigo. El cerebro rara vez acepta una abstinencia sin pelear o buscar un reemplazo. Para mí, es como si le quitásemos a un niño su juguete favorito.

Por lo tanto, cuando esté desconectando de su teléfono, planifique otra actividad divertida o relajante. Relájese en un baño, salga a dar un paseo, haga un maratón de Netflix o, mejor aún, vuelva al pasado y juegue a algún juego de mesa con la familia. Muestre al cerebro que se pueden conseguir descargas de dopamina gracias a otras cosas que no requieren estar conectado.

2. Establezca una rutina de la hora de dormir libre de redes sociales: propóngase utilizarlas lo mínimo posible después de las 21:00, pero, de nuevo, no lo considere un castigo. Tómelo como una oportunidad para crear un nuevo ritual nocturno. Por ejemplo, puede optar por tomarse un chocolate caliente y ver un episodio de una serie en particular o leer unos cuantos capítulos de un buen libro. No obstante, si, al igual que yo, utiliza su teléfono para leer libros electrónicos (no es lo ideal, pero son más baratos que los de papel), al menos cambie la iluminación al «modo nocturno», ya que así no afectará a la producción de melatonina. A su vez, desactive las notificaciones de las aplicaciones para evitar cualquier distracción. Puede hacerlo desde la configuración del teléfono o en las propias aplicaciones.

3. Cuestiónese siempre el contexto: las fotos de Instagram tienen el poder de hacernos sentir que nuestras vidas no están bien, eso es cierto. No obstante, aceptamos con mucha rapidez la supuesta «realidad» de dichas fotos.

No lo olvide: todos incluimos las mejores versiones de nosotros mismos en el mundo digital, ya sea en fiestas, de vacaciones o divirtiéndonos. Es algo instintivo.

Sin embargo, no incluimos nuestros días menos perfectos. Por ejemplo, el domingo que me pasé cinco horas en el sofá en pijama y de resaca, comiendo cereales directamente de la caja. Esto crea una representación poco realista del mundo. Que saquemos un sentido del propio valor en base a cómo nos va en comparación con los demás no solo es una variable poco saludable, sino que también está totalmente fuera de nuestro control. La realidad rara vez gana en una lucha contra la fantasía. Por lo tanto, permítase sentirse triste, celoso o frustrado por un momento y, a continuación, piense en la falta de contexto que ofrecen las redes sociales.

Sí, esa foto de esa persona descansando en una playa se ve divina, pero, ¿quién le dice que justo antes no le sentó mal la comida? Tal vez diez minutos antes de que se sacara la foto, ¡no podía salir del baño! O quizá la foto ni siquiera es actual. Podría ser de unas vacaciones de hace meses.

Una de mis selfis más bonitas publicada en Instagram me la saqué mientras estaba pasando por una menstruación horrorosa. Estaba hinchada, cansada y con un dolor horrible. Sin embargo, se me veía guapísima y llena de vida en la foto.

Últimamente, trato de ser lo más auténtica posible para combatir ese ciclo de fantasía, pero yo tampoco soy inmune a la vanidad.

4. Interactúe con grupos, hashtags o contenidos positivos: sigo el hashtag #dogsofinstagram simplemente porque me garantiza una dosis diaria de alegría. Ver fotos de cachorros jugando o perros cayéndose me hace reír. Me proporciona un estímulo feliz y emocional y me brinda equilibrio.

Las redes sociales conforman una increíble oportunidad de rodear a nuestros yos virtuales de las cosas que nos encantan y aportan una dosis de positividad a nuestro día.

Junto con amigos y colegas, también sigo a personas que me inspiran o me hacen sentir bien conmigo misma. Este es un consejo que subrayo con frecuencia a los adolescentes en particular.

Uso mis redes sociales para conectar con comunidades sobre salud mental, escritura, ropa «vintage» y feminismo de todo el mundo. Lo que sea que me interese en ese momento.

Gracias a las redes sociales, he conocido a algunas personas increíbles en cuyos caminos nunca habría coincidido de otra forma.

No se olvide, los contenidos que ve en las redes son decisión SUYA, así que cree el espacio ideal para usted.

5. No siga a personas que no le caigan bien: todos somos culpables de esto hasta cierto punto, seguir a personas cuyas vidas nos dan celos o que nos llenan de rabia, pero a las que no podemos evitar cotillear. Puede resultar increíblemente estimulante de una manera extraña, pero, al final, lo que conseguimos es mermar nuestra energía y nuestro estado de ánimo.

Asegúrese de realizar periódicamente una limpieza de las cuentas que sigue para estar seguro de que su contenido le interesa. Tómeselo como una limpieza general para el cerebro.

Si le preocupa que una persona se dé cuenta de que la ha dejado de seguir, solo tiene que «silenciarla». No tendrá ni idea y usted dejará de verse expuesto a sus contenidos negativos.

6. No haga caso a los troles: esto puede parecer obvio, pero le sorprendería cuántas personas caen en la trampa (yo incluida). A pesar de la tentación, intente recordar que NUNCA ganará una discusión con un trol, independientemente de lo inteligente o ingeniosa que pueda ser la respuesta.

Los troles se alimentan de la interacción. Piense en ellos como si de vampiros energéticos o sanguijuelas se tratase. Por lo tanto, proteja su energía mental y simplemente haga clic en «bloquear».

Además, no dude en denunciar cualquier cuenta que resulte abusiva o amenazante

Las redes sociales se pueden definir de muchas maneras, a menudo con extremos. Son poderosas y peligrosas, positivas y negativas, brindan comunidad y aislamiento. No hay un punto medio en lo que respecta a las opiniones populares.

«El informe de Lifeplus resaltó algunas perspectivas importantes. Las redes sociales pueden efectivamente contribuir al desarrollo de enfermedades mentales como la depresión. Sin embargo, cuando se gestionan correctamente y se utilizan en combinación con opciones de estilo de vida saludables, también pueden ser enormemente beneficiosas».

Claire Eastham

La clave está en ser consciente y proactivo y en crear nuevos hábitos saludables. Diviértase durante su experiencia en el mundo digital, pero no se olvide de cuidar su salud mental.

Claire Eastham es una autora superventas, bloguera de salud mental, activista y oradora destacada. che un vistazo a su galardonado blog «We’re All Mad Here» (Todos estamos locos).

El estado de ánimo es tan solo uno de los cuatro pilares de la filosofía de Lifeplus. Mantenerse activo, comer bien y tomar suplementación nutricional también son elementos importantes. Puede leer más artículos sobre consejos para la salud aquí, así como acceder a los contenidos del resto de nuestros autores expertos en bienestar.

Más fuentes de consejos y apoyo…

Una de las organizaciones benéficas de salud mental más importantes del Reino Unido es MIND. En la página web de MIND, encontrará una gran cantidad de información, consejos y apoyo, así como las oficinas locales para los habitantes de cada región.

YoungMinds es una organización benéfica nacional que se dedica a prestar apoyo a los jóvenes con problemas de salud mental. Puede acceder a una guía del CAMHS (Servicio de salud mental para adolescentes y niños del NHS) y ver una lista de páginas web y líneas de ayuda para todo tipo de problemas de salud mental, incluidas las redes sociales, el alcohol y las drogas.

Molly Rose Foundation es una fundación benéfica formada por la familia Russell tras la trágica pérdida en 2017 de Molly Russell, de 14 años. La organización benéfica ha emprendido un trabajo valioso en esta área y fue determinante a la hora de conseguir que Instagram prohibiese todo el contenido relacionado con el suicidio y las autolesiones.